Bienestar \ 13 Noviembre 2013

Tips para la Resolución de Conflictos en el Trabajo

Cuando nos adentramos en el pantano de un conflicto laboral es, en algunas ocasiones, difícil saber cómo y donde comenzó. Los motivos pueden ser tan variados como el clima de una isla tropical, sin embargo, tenemos que ser lo suficientemente hábiles como para poder sobrepasar el asunto y dejarlo en el archivador de las anécdotas del pasado.

Podemos decirte de muchas maneras que no te ofendas o que evites los encontrones innecesarios pero sabemos que hay momentos del día en que los conflictos son inevitables y que, querámoslo o no, nos vamos a enfrentar a una discusión, una decisión mal tomada o un simple tropezón con un colega. Es por ello, que te queremos dar algunos consejos para que, a ti, esto te suceda mucho menos seguido que antes de haber leído este artículo.

Tenemos claro que la escala de los conflictos de oficina es mucho menor a aquella en la que están los de nivel internacional, pero pese a esto, no vamos a esperar que personeros de la ONU vengan a arreglar una pelea que, con una conversación sana y el suficiente espacio, podría ser resuelta y olvidada en pocos minutos. Presta atención.

Escucha y habla con calma

Bien sabemos que en toda relación, sea de la naturaleza que sea, existen dos o más lados y perspectivas con respecto a una misma historia. Por ello es importante siempre dar el primer paso y demostrar una intención real de escuchar lo que el otro tiene para decir. No podemos afrontar una situación ni imponer nuestras creencias frente a una realidad que desconocemos o que, simplemente, nos negamos a conocer.

Tu postura de atención debe estar presente desde el primer minuto sin importar que tu interlocutor permanezca en un campo cerrado de egocentrismo. Debes saber que conforme pasan los minutos de la conversación (porque está prohibido llamarle discusión a estas alturas), el colega, empleado, socio o jefe que tienes sentado en frente irá cediendo ante un dialogo más fluido y sano. En caso de que no exista la disposición al dialogo, déjalo de lado y retómalo en otra oportunidad, sé paciente. El aire y el espacio son importantes para darle al otro la posibilidad de respirar, pensar y considerar cuales son las mejores opciones.

Cuando plantees tus teorías, hazlo de forma calma y pausada. No veas la conversación como un potencial ataque e intenta no sentirte atacado cuando alguien refute la posibilidad de que lo que planteas sea correcto. La serenidad de tus palabras debe de ser demostrada en cada uno de los diálogos establecidos, para así, crear un paradigma de comunicación nuevo entre tú y la persona con la que tuviste el inconveniente. Sólo de esta manera, podrás evitar conflictos a futuro.

Nunca te olvides, tenemos dos oídos y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos. Escucha con atención. Que las palabras del otro no sean el tono de espera hasta que a ti te toca hablar. ¡Respeta para ser respetado!

 

Ten una postura receptiva

La postura corporal al momento de enfrentar a una persona es fundamental. Si queremos resolver un conflicto debemos demostrarnos dispuestos a hacerlo. Por lo tanto, hay algunos puntos que te recomendamos seguir:

• No cruces los brazos.
• Mira siempre a los ojos, con una mirada calma y no desafiante.
• Mantén el rostro a la altura del rostro del otro. Evita levantar la mirada y subir el mentón.
• Mantén una distancia prudente. No te alejes ni te acerques más de la cuenta.
• Cuando se saluden o se despidan, intenta acompañar el apretón de manos con sostener por breves segundos el hombro del otro. Esto demuestra soporte, entendimiento y lleva la relación a un nivel mayor de relajo.
• Sonríe.
• Si hay una mesa al medio, intenta mantener donde puedas, las palmas de las manos hacia arriba. Esto demuestra receptividad y apertura a escuchar lo que el otro tiene para decir.

Cuando delegues, guía y acompaña

Las más grandes empresas alrededor del mundo, incluida Wix, están cambiando las palabras “gerente” y “jefe” por “líder” o “guía”. El mismo método de educación Montessori habla del rol del profesor como un guía en el aula, formando así seres humanos más preparados para enfrentar el día a día en la jungla que es el mundo.

Cuando te toca delegar un trabajo, te recomendamos acompañar al delegado durante el proceso de trabajo. Guíalo, entrégale tips y camina junto a él (dentro de lo posible) hasta que, al menos, te des cuenta de que está 100% preparado para seguir el camino solo.

Existe una diferencia enorme, a nivel de programación neurolingüística, cuando se compara el “vamos” con el “anda”. La compañía de un otro más experimentado nos entrega confianza, seguridad y la libertad de movimiento suficiente como para sentir que no están encima de nuestro trabajo pero que, en cualquier caso, el guía está ahí para guiar los pasos a seguir.

Debes tener cuidado con cruzar la delgada línea que separa el ser un guía con el abuso de poder y parecer una suerte de monitor y constante revisador del trabajo del otro. ¡Cuida las proporciones!

 

¿Tienes más ideas o consejos? ¡Cuéntanos en los comentarios acá abajo!